martes, 5 de mayo de 2015

Martes de Arte - La Catedral de Santiago de Compostela (II)

¡Hola lectores!
¡Bienvenidos a otro Martes de Arte!

Lo prometido es deuda y aquí os traigo la segunda parte de la Catedral de Santiago de Compostela.





Desde finales del siglo VII cuenta la leyenda que el apóstol Santiago el Mayor había sido enterrado en el noroeste de la Península después de evangelizar la región. Así, en el año 813 un ermitaño llamado Pelayo descubrió unas luces flotando sobre un lugar llamado Solovio. Rápidamente comunicó al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, lo que había visto. El obispo se desplazó hasta aquel lugar dónde encontraron un monumento compuesto por varias losas de mármol. Sin dudarlo siquiera, llegaron a la conclusión de que aquel hermoso lugar sólo podía ser el sepulcro del apóstol y de dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro. El obispo comunicó la noticia al rey Alfonso II, el casto, y este le concedió las tierras del hallazgo y sus rentas, y, además, mandó construir una pequeña iglesia sobre el sepulcro.

Esta pequeña iglesia iría evolucionando con el paso de los años hasta convertirse en la catedral de hoy.

¿Qué cambios ha sufrido?

La sencilla Iglesia Primitiva se amplió en tiempos de Alfonso III debido a un gran aumento del número de peregrinos y fue consagrada en el año 899. Esta sería la construcción que acogería a los peregrinos del Camino de Santiago durante casi un siglo, hasta el año 997, cuando Almanzor (dueño y señor del Califato de Córdoba) realizó una razzia (ataque relámpago que traía consigo destrucción y saqueo) en la ciudad de Santiago de Compostela. Las huestes de Almanzor quemaron la iglesia pero respetaron el sepulcro. Así fue como pervivió el Camino de Santiago.

En el siglo X se reconstruyó el templo, pero quedó pequeño rápidamente y aquí es cuando entran en escena el rey Alfonso VI y el obispo Diego Peláez de los que hablamos en el post anterior. Las obras, de gran envergadura, comienzan el año 1075 y se dan por finalizadas el año  1211, año de su consagración.


La catedral es por tanto románica en su mayor parte. Y su fachada principal, dónde esta el pórtico, conocido como "de la Gloria" es una de las maravillas de la escultura románica. Por eso le dedicaremos un poco más de detalle en la explicación.

Pero antes...

La fachada que ven los turistas y peregrinos al llegar a Compostela no es la del Pórtico de la Gloria, no, es otra realizada en pleno SXVIII. 

Esta fachada barroca, obra de Fernando de Casas Novoa  en 1740, se conoce como el Obradoiro y su función inicial era proteger el Pórtico de la Gloria de las inclemencias del tiempo. Por eso, los enormes ventanales se construyeron para iluminar la fachada románica.  Es tan representativa que se ha convertido en el símbolo de la ciudad y aparece en las monedas de 1, 2 y 5 céntimos de euro españoles. A mi me parece que le da una imagen grandiosa a la catedral y llena el horizonte de la ciudad de manera espectacular, pero claro... ¡También guarda una maravilla en su interior!

Ahora si...¡El Pórtico de la Gloria!

Construido por el Maestro Mateo en 1188.

Tres arcos


El pórtico se divide en tres arcos de medio punto que se corresponden con cada una de las tres naves de la iglesia. El arco central es el mayor (el doble que cada uno de los laterales), es el único que posee Tímpano y está dividido por una columna central, llamada parteluz, en el que aparece la figura del apóstol Santiago. El conjunto pretende representar de manera iconográfica (descripción mediante imágenes de un tema concreto) distintos símbolos tomados del Apocalipsis de San Juan y de textos del Antiguo Testamento.

Tímpano


La disposición del tímpano está basada en la descripción de Cristo que aparece en el Apocalipsis de San Juan. En el centro de todo está el pantocrátor, una imagen de Cristo en Majestad (Maiestas Domini, el Cristo triunfante. Suele aparecer sentado en un trono y con actitud de bendecir), mostrando en las manos y en los pies las heridas de la  crucifixión. A su lado, rodeándolo, aparecen los tetramorfos (los cuatro evangelistas con sus atributos: san Juan y el águila, san Lucas con el buey, san Mateo con el cofre de recaudar impuestos y san Marcos con el león).

A ambos lados de los evangelistas, detrás de san Marcos y san Lucas, aparecen cuatro ángeles con los instrumentos de la Pasión. La cruz, la corona de espinas, la lanza de longinos y los cuatro clavos. Otros la columna dónde fue azotado y la tinaja que utilizó Poncio Pilatos para lavarse las manos. Sobre las cabezas de estos ángeles, dos numerosos grupos de almas de los bienaventurados, cuarenta en total. Sobre ellos, en la arquivoltas, aparecen los veinticuatro ancianos del Apocalipsis.

Como podéis comprobar, el tímpano es una pequeña Biblia de piedra con la función de enseñar a los fieles aquello que les estaba vetado por no saber leer.

Parteluz


En el parteluz se encuentra la figura sentada (sedente) de Santiago Apóstol con el bastón de peregrino. Santiago aparece con un pergamino donde figura escrito Misit em Dominus (me envió el Señor). La columna acaba sobre su cabeza con un capitel en el que aparecen representadas las tentaciones de Cristo. Bajo el Apóstol se representa el árbol de Jesé, nombre que recibe el árbol genealógico de Jesucristo desde Jesé padre del rey David. Esto es importante porque es la primera vez que se representa este tema en la iconografía religiosa en la Península Ibérica.

Otra curiosidad, al pie de esta columna central está la figura arrodillada del propio maestro Mateo, sosteniendo un cartel en que está escrito Architectus. A esta imagen se la conoce popularmente como «Santo dos croques», por la antigua tradición de los estudiantes de golpear su cabeza contra la figura para recibir sabiduría, tradición que fue adoptada posteriormente por los peregrinos. 

Peregrinos



 
Esos peregrinos son los que dan sentido a ese camino. Os puedo asegurar que, como peregrina y además, por partida doble, que no hay experiencia que se pueda comparar.
En el camino solo estas tu, el silencio de tus pensamientos y tu dolor (porque te va a doler todo, y no sólo el cuerpo).

Mientras recorres esa senda milenaria descubres partes de ti misma que no conocías, comprendes tu pequeñez, aprendes y enseñas. Pero sobre todo aprendes. Así que si te atreves, toma tu macuto, despréndete de todo y sigue las flechas amarillas. 

¡Buen camino, peregrino!


9 comentarios:

  1. Hola^^
    Ay, pero que bonita es *_* Espero poder ir algún día.
    besos!

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  2. Hola. Yo tuve la suerte de verla cuando termine el Camino de Santiago y es espectacular. No sabia que habia sufrido tantoa cambios y tu descripcion me ha llevado de vuelta a mis clases de historia del arte. Gran trabajo. Besos.

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    1. Me alegra que te haya gustado. Hacer el Camino de Santiago es muy espeial jeje :)

      Un abrazo^^

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  3. Buenas tardes, viendo tus fotos me han entrado unas ganas infinitas de ir, ojalá pueda este verano. Tiene que ser una experiencia única. Nos leemos:)

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    1. Si vas me tienes que contar tu experiencia, que ya verás como el viaje merece la pena :)


      Un abrazo^^

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  4. Muchas gracias por darnos a conocer este lugar tan maravilloso y espero algún día tener la oportunidad de ir a conocerlo por mi misma. ¡¡Saludos!!

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